miércoles, 10 de noviembre de 2010

Sueño

Como en un cuento de hadas, siempre pensó en su príncipe azul, sin llegar a pensar que el amor no solo se basa en el exterior.
El llegó, toco a su puerta, y su príncipe encantado salió de una, no de un él. Encantada se volvió, sus días al lado de, y así surgieron cuentos para ella, la ausente, la que no está. ¿La maldad desvía?, ¿Qué es bueno o malo?, ¿Según la percepción de quien?, hacen que odiemos eso que somos, humanos.

Continuó con su imagen en la mente. Viajando a donde ya no era aquí, ni allá, con un terrible temor: el amor.
¿Desde cuándo ya no veía y le entrego lo que era?
Nos volvimos ciegos en nuestro afán de ocultar eso que tú no entiendes, desplazándonos en un infinito de ansiedad. Esos besos multifacéticos llenos de colores en cantidades dosificadas como un vaho de respiración que va y viene, mirándote en los ojos, recuperando la laguna mental de los ángeles caídos saltando al compás del amar.
Eres luz y sombra recuperándome en el mar bajando por tus estrellas, sumergiendo mis manos en el volcán.
Ahora sí, somos culpables, pensó. Y esto que no era ni para ti ni para mi empezó.
Dejándote entrar en mis sueños en la orilla del viento, donde se une una vez más esta luz, no sé si sea del sol o de la luna, es luz, le dijo a ella y se estremeció.
Toda cúspide tiene fin.
Cuando esto inicio, aquello culmino. Y el miedo sigue intacto, aquí aún, desde que todo inicio hasta que culminó.
Soñé que estaba muerta pero reviví para contar el miedo que tengo, y así tú me puedas hablar más de ti, ignorándote te llamo, eres impredecible y llamativa, ven siéntate, dijo con voz firme.

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