sábado, 25 de septiembre de 2010

fantasmas

Que los héroes fantasmas tocan mi ventana, los veo desde las nubes y las nubes desde arriba me miran. Los contemplo con duda y asombro, y sé que de ellos no puedo huir, les veo y me asombró, me ven y no sé qué pensarán, o sí es que lo hacen. Y es que más allá de la existencia se adueñan ya, de lo que un día pidieron y no tuvieron, ahora en un momento sin tiempo lo piden y piden que sea de ellos, y sea él de ellos.
Que el señor tiempo se apiade de ellos, esos olvidados que sufrieron, guerreros inconsolables de llanto solo, soledad que roza lo que un día fueron manos y hoy solo queda en un humo cálido de la imaginación. Imaginación que solo quedó. Labios que un día besaron, y recorrió de uno a uno una generación. Pies que pisaron, un día se resignaron dieron la vuelta y dijeron adiós.

Y nací pajaro

Y nací pájaro, pero pájaro no indicado para volar, pájaro que le enseñan a sacar la cola para no cagar al hermano de a un lado porque el nido es demasiado pequeño, y los que estábamos allí demasiado grandes y demasiados, muchos que el frio hacía falta para no salir cosido, pájaro que le enseñan a cantar lo que solo sabe el papá pájaro, y que es siempre lo mismo, lo único, la misma nota, cortada empezada desde el inicio o desde el final al inicio, viceversa pero la misma tonadita. La misma canción, sí es que eso le podemos decir. O bien, pájara que solo le enseñan a poner huevos, de naturaleza, solo hacer eso, y estar echada en el nido, esperando que empollen los huevos, dándoles calor, y es todo, hasta que terminan con el punto floreado de tanto huevo que sale de allí, y es que hasta para hacer del baño, ahora con facilidad sale.
Nací pájaro, y en mi vida pájara no acontece nada, y es que el volar no se me dio a mí, nací pájaro, y aunque tengo alas, no las utilizo para volar, me quedo viendo estático en un palo, así pasan mis días en mi pájara vida. Van días, días vienen, no acontece más que una pluma menos de mi cola, es que ahora estoy mudando, y el plumerío vuela y se queda en el suelo, veo como poco a poco mis plumas se van, vuelan, ellas sí, en el aire de esta casa, con partículas resumidas de polvo. Tal vez me quede como llegue al mundo, sin plumas, sin nada, es comprensible, desplumado, como vas arrancando uno a uno los pétalos de una flor, sin olvidar que las mías son plumas y se van yendo, cayendo. Y atreves de esto que me impide volar veo, diario me dan de comer, y como y cago, una y otra vez, no tengo que hacer, vuelo de un extremo a otro no dejan de ser lugares de cuatro encarcelamientos. Me paro en una pata, y les doy risa, ojala ellos vieran desde aquí, y no desde allá, y es que es tan fácil, y conveniente verlo como si nada y verlo como ellos quieren, pero es que no ven que me estoy desplumando, me voy a quedar sin plumas, sin volar, sin ver, sin estar, simplemente voy a ser otro más de los que estaban echados en el nido, teniendo calor en exageración, con el punto de la madre pájara en la cara, siendo que ya no necesitábamos el calor, pero allí, sofocando.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Dormí con la cabeza bajo la almohada

Dormí con la cabeza bajo la almohada. La presión de la sangre en mis sienes era más que demasiada; me sentía ahora sí atrapada y hastiada, y realmente llovía. La memoria me engañó y luego opto por apiadarse de mi locura, trayéndome un poco de cordura, recordé quel ahogo y desahogo… esa almohada fue mi oyente; mi oreja reposo en ella, mis ojos, mis labios y hasta mi nariz hasta que casi no quedaba mucho aire para respirar, y fue mi amante por ese lapso, amante de un descanso.
Un grillo se escuchaba al fondo, afinaba su canto, se regocijaba en él, y el insomnio hacia de lo suyo, buena noche para decidir mudarse particularmente ese día a este cuarto.
Lloré, reí. Me pregunte, si es que padecía algún trastorno pero sé que no es así. Sólo tenía las extrañas ganas de sentirme bien y mal al mismo tiempo, en ese entonces, mi neurosis acompañada de ese insomnio, emergió mi bipolaridad.